Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas

 

El Cristo de Ánimas es una imagen que siempre ha estado ubicada en la Parroquia de San Lorenzo, desde su hechura, esto nos hace ver la importancia que tenía tanto la hermandad como la imagen, recibiendo culto en la iglesia fernandina desde sus inicios. Se trata de una talla que se enclava en los finales del siglo XVI principios del XVII, debido a ese comienzo de realismo más exagerado que nos muestran las formas de la anatomía, teniendo tanto el pelo como el paño de pureza tallados, dejando ver que el autor, aún anónimo, de este crucificado, era un buen conocedor de la anatomía y fisionomía humana debido al hinchazón de algunas partes de su cuerpo.

 

El Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas se haya envuelto en un profundo lenguaje teológico, que comienza en su propia iconografía, es decir, la de la crucifixión, siendo la misma muerte de Cristo el tema central del cristianismo, todo ello debido a un símbolo, el de la cruz. La representación de Cristo muerto en la cruz, se conoce en el mundo del arte a partir del siglo XI, ya que anteriormente los crucificados aparecían vivos. En el caso del titular cristífero de la hermandad de Ánimas, se muestra su cuerpo inerte humanamente, aunque todo lo que le rodea viene a decirnos que algo bueno se acerca.

 

A través de las Meditaciones del Pseudo Buenaventura y las Revelaciones de Santa Brígida se pretende marcar un espíritu teológico diferente en cuanto a la muerte de Cristo en la cruz, ya que el fiel al contemplar al Salvador del mundo muerto a pesar de su divinidad, hacía pensar en sus padecimientos conmoviéndolos hasta mostrar un gran pietismo. De esta manera, se toma el símbolo de la cruz como el denominado árbol de vida, puesto que, aunque aparezca Cristo muerto en ella, su sangre redentora hará revivir las almas de aquellos que se encuentran perdidos. Por tanto, el significado de la cruz para el Remedio de Ánimas no podemos verlo como algo negativo, ya que nos transmite la valentía y esperanza del Hijo de Dios, el que dio su vida por redimir los pecados del mundo, siendo de esta forma alegoría de salvación.

 

Por otro lado, uno de los atributos más característicos del Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas es su peculiar velo de tinieblas, que se haya rodeado de una profunda simbología relacionada con ser Cristo el principio y fin de todas las cosas. Sin embargo, hay que recordar que el momento de la muerte de Jesús, el cielo se envolvió de tenebrismo, la noche se hizo más oscura aún, desapareciendo todo rayo de luz que el sol pudiera proporcionar. Este hecho, es profetizado en el Antiguo Testamento, donde se lee en Amós, capítulo 8, versículo 9: “Aquel día, dice el Señor Yavhé, haré que se ponga el sol al mediodía, y en pleno día tenderé tinieblas sobre la tierra”. De esta manera, se vislumbra ese instante donde la oscuridad se apoderó de este fatídico hecho. También, podemos encontrar más de una referencia en el Nuevo Testamento sobre este extraño suceso climatológico, viendo en el evangelio de San Mateo esta cita: “…así será la venida del Hijo de hombre (…) después de la tribulación de aquellos días, se oscurecerá el sol y la luna no dará su luz…”.

 

Pero no se puede obviar, que tanto la luna como el sol, son un reflejo del Antiguo y Nuevo Testamento plasmado en dicho velo. La luna tiene que tomar la luz del propio sol para brillar de forma radiante, es por eso que se asemeja a la iluminación divina que el Nuevo Testamento contempla en sus escritos por ser los textos sagrados donde se describe la vida y Pasión del Hijo de Dios. El alfa y el omega de los astros, de la vida y del transcurrir de toda la cristiandad están en Cristo muerto, que se glorifica con la Resurrección.

 

A los pies del Cristo del Remedio de Ánimas, se puede observar una calavera que está directamente relacionado con Adán, el primer hombre de la historia que fue condenado por sus pecados. Así pues, hay que destacar la leyenda que dice que justo en el lugar donde se levantó la cruz para la crucifixión, se encuentra la tumba de Adán. Esto está vinculado con la muerte redentora de Jesús, ya que si de la cabeza del primer pecador es erguida la cruz de la salvación, todos los pecados de la humanidad van a ser redimidos por el salvador, dando paso la nueva savia. En los evangelios este instante es expresado de esta manera: “La tierra tembló y se hendieron las rocas; se abrieron los monumentos, y muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron”. De ahí que se interprete que del propio cráneo de Adán, todos los pecados del mundo serán perdonados, resurgiendo en la vida eterna.

 

Otros dos de los atributos innatos del crucificado de San Lorenzo son los clavos y la corona de espinas, los cuales se exponen como sendos objetos florecidos. Tres son los clavos con los que cuenta el Remedio de Ánimas, siendo realizados en forma de azucenas, de las que sus pistilos se abren en un color rojo, rojo sangre, dando así la intención de explicar que de la propia sangre que brota de estos clavos, es posible que la vida tenga lugar; al igual que ocurre con la corona de espinas, ya que en ella aparecen rosas incrustadas en las mismas. Todo ello es un claro ejemplo de positividad ante el momento de la muerte, prevaleciendo el milagro de la salvación. La sangre de Cristo es mostrada en la Eucaristía como agua vivificadora de redención, que con el tiempo se convertirá en linaje misericordioso, por lo que lo único que puede nacer de ella es vida, como las azucenas puras de los clavos.

 

De igual importancia son los ángeles pasionarios que se encuentran en las esquinas del paso procesional del Señor, mostrándose como figuras robustas e impresionantes, con unas formas totalmente barrocas, sujetando cada uno, atributos de la pasión de Cristo. Su expresión es de una angustia y dolor agudo, con un carácter desgarrador y desosegado. La factura de estos angelotes estuvo a cargo del imaginero y escultor valenciano Amadeo Ruiz Olmos, siendo realizados en madera de naranjo y mostrando, que a pesar de ser un artista poco relacionado con el carácter más divino de la imaginería, supo captar el lenguaje de la cofradía.

Este crucificado tiene una estética totalmente tenebrista, relacionada con el estudio realizado por todos los literatos y artistas que tuvieron que ver con la fundación de la hermandad en los años 50 del siglo XX. Dentro de esta estética es destacable como el pelo tapa una zona del rostro de Jesús, relacionándose esto con la parte divina del Mesías, esa que no se ve pero que se siente, poniéndonos en relación con el ser divino que es, su aceptación como Hijo de Dios; mientras tanto, la otra zona del rostro que si es perceptible a los ojos de los fieles, nos habla de esa parte humana del Salvador, en el que muestra las debilidades e imperfecciones, que como hombre humano, tuvo nuestro Señor, acercándonos de manera terrenal a su mensaje.